viernes, 20 de julio de 2007

Cuando Hitler perdió por nocaut

Hasta dónde puede llegar el deporte. Cuáles son los límites, por ejemplo, del boxeo. Las cifras increíbles que se manejan en premios muestran a las claras que, desde hace mucho tiempo, ha dejado de ser una actividad para los momentos de ocio. Pero también el deporte fue y es utilizado por quienes manejan el poder para transmitir señales e ideologías.

En 1938, un año antes de que los tanques alemanes invadieran Polonia y se desatara la Segunda Guerra Mundial, el canciller alemán Adolf Hitler intentó, como ya lo había hecho antes con los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, que un simple combate se transformase en la muestra irrefutable de que el mundo estaba separado en razas, y que la Aria, la de los blancos, era la superior.

Por eso los setenta mil espectadores que colmaron el Yankee Stadium sabían que no iban a ver sólo una pelea. Era mucho más que una pelea porque en una esquina estaba Max Schmeling, el alemán que, aún sin quererlo, representaba de alguna forma a los ideales nazis, y en la otra esquina estaba el norteamericano Joe Louis, de tez negra.


El clima estaba enrarecido. Max Schmeling fue hostigado por los espectadores, quienes lo calificaban de nazi. Tal vez no sabían que el alemán nunca quiso alistarse a las filas del Reich y desconocían que, tras vencer a Louis en 1936, le había negado al Führer la posibilidad de declarar que su triunfo se debió a que encontró fallas en la anatomía y en la genética del estadounidense. Claro que después el mismo Hitler se encargó de decirlo.

El bombardero de Detroit, por su parte, estaba frente a la revancha que tanto ansiaba. Y la aprovechó: en el primer asalto derrotó a Schemling, que terminó con dos costillas rotas. Los ecos del triunfo de Louis rebotaron hasta escaparse del espectro deportivo: el que había perdido la pelea no era Schmeling, era Hitler.

Los boxeadores se hicieron grandes amigos pero la guerra los volvió a poner en esquinas distintas. Louis se alistó en el ejército norteamericano y recorrió los campamentos de los aliados para brindar exhibiciones boxísticas; Schmeling fue castigado por Hitler y tuvo que actuar como paracaidista de las tropas alemanas.

El final de esta historia no pudo haber sido peor. Durante el conflicto bélico más sangriento de la historia de la humanidad murieron alrededor de 60 millones de personas, blancas y negras, católicas y judías.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola ..

pasaba a saludar porq vi su firma en un blog que pase la otra vez ..

Tambien son de deportea??.. miren que chiste .. nosotros tambien hicimos un blog que se llama BIBLIDEPORTIVA .. =S .. esta hecha por los chicos y chicas de la comision 2ºD

http://bibliadeportiva.blogspot.com

espero q esten bien ..

besotes